En medio de una gran expectación, el 28 de marzo de 1898 se abrió en el Congreso de Estados Unidos el sobre que contenía las conclusiones de la Comisión Investigadora de la tragedia del "Maine". La decepción fue general, pues, aunque achacaba a una mina el hundimiento del buque, no responsabilizaba directamente a España de su colocación. Al tiempo, el presidente norteamericano, McKinley, enviaba una nota ambigua que irritaba a los "jingoes" y que aún dejaba abierta la puerta de la negociación con España. El Gobierno de Sagasta no aprovechó aquella postrera oportunidad y solicitó una comisión internacional para que investigara la voladura del buque. Para eso ya era tarde. La guerra comenzó a ser ineluctable.
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