Desde la tragedia del "Maine", el 15 de febrero, hasta la última semana de marzo de 1898, España y Estados Unidos habían vivido en vilo a la espera del dictamen de las comisiones de especialistas que, por separado, estudiaban las causas del siniestro. En aquellas seis semanas, Washington reunió dinero, hombres y armas para organizar un ejército expedicionario; completó las tripulaciones de sus buques e intensificó su adiestramiento; fortificó sus costas y, al tiempo, intentó resolver con España la cuestión de Cuba ya ofreciéndose a comprar la isla, ya mediante presiones diplomáticas. España apenas hizo nada. Quedó paralizada, sin eludir el conflicto con la venta o la negociación y sin activar sus planes de defensa.
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