El diagnóstico de un trastorno del espectro autista (TEA) sigue siendo hoy en día un proceso complejo en la Psiquiatría actual, debido a las características comunes que comparte con otras alteraciones de la misma familia y a la complejidad de los signos que deben observarse y pueden confundir al especialista con otras patologías. En este contexto adquiere especial importancia el diagnóstico en edades tempranas que evita la incertidumbre de la familia respecto al estado de salud del niño, además del inicio de una terapéutica precoz que puede conseguir, al igual que en muchas otras enfermedades, una mejora sustancial en el desarrollo y la calidad de vida de la persona.
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