Con la ayuda de varios casos prácticos de los siglos XVI, XVII y XVIII, este articulo se centra en dos cuestiones clave: ¿cómo se protegían los ciudadanos ho-landeses corrientes de la corrupción y abuso de poder de los agentes encargados de ha-cer cumplir la ley, de los fiscales públicos y de los tribunales? Y ¿a qué intereses servía en realidad el sistema judicial durante la Edad Moderna? O, dicho de otro modo, ¿qué orden estaba siendo mantenido y quién era excluido de él? En este trabajo se sostiene que la debilidad de una crítica tradicional en Holanda -y posiblemente incluso, de manera más amplia, en el continente europeo- se debe a que la historiografía sobre estos temas se ajusta a una perspectiva continental, en la que se da más importancia a los derechos del Estado que a los derechos del individuo. En In-glaterra (o incluso, en el más amplio contexto anglosajón) lo opuesto parace ser lo ha-bitual: una tradición historiográfica crítica yuxtapuesta a un pasado en el que se daba mayor énfasis a los derechos civiles que a los privilegios del Estado, junto a una resis-tencia al Estado y a otros bastiones del poder.
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