Hasta hace un siglo la biomasa era la fuente de energía por antonomasia. Posteriormente salvo en las comunidades primitivas, fue reemplazada por los combustibles fósiles. Razones de costo y de comodidad fueron determinantes en este cambio que, sin embargo, no podía tener carácter definitivo dado que los recursos fósiles no son renovables. En la actualidad, el 90 por 100 de la energía que se consume en la Tierra es perecedera y son varias las razones que hacen pensar que, al término del siglo XX, se producirá un nuevo cambio.
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