Como consecuencia de la entrada en vigor en 1995 de un decreto vaticano basado en un acuerdo de la Conferencia Episcopal Española, que tenía por objetivo adecuar los límites eclesiásticos a los civiles, ciento once parroquias del Obispado de Lérida, dependientes políticamente de Aragón, fueron segregadas e integradas en el nuevo Obispado Barbastro-Monzón. Inmediatamente se inició un proceso de reclamación del patrimonio artístico de procedencia aragonesa que formaba parte de la colección diocesana integrada en el Museu de Lleida Diocesà i Comarcal. Se iniciaba de este modo un litigio entre ambos obispados por la propiedad de las obras reclamadas, aún vigente, de importantes consecuencias desde un punto de vista museológico y cultural, en el cual no ha estado ausente un vivo debate político.
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