Resulta apremiante, en un congreso como el I Congreso Internacional de Educación Católica para el Siglo xxi, aterrizar en la problemática actual con la que nos enfrentamos los padres católicos a la hora de educar a nuestros hijos, y en este sentido no podemos obviar la situación concreta de la España del siglo xxi, con su promulgación de leyes en contra de la vida y, más específicamente, en contra de la educación cristiana.
Es un hecho que la concepción de la vida humana y la relación con Dios están viéndose desvirtuadas por nuevas ideologías progresistas. Sin embargo, frente a esta avalancha de lo nuevo, el cristiano puede y debe responder con el Magisterio de la Iglesia y con la enseñanza que desde hace dos mil años nos ofrecen los Evangelios: no se trata de valores caducos, pues la tradición de la Iglesia sigue estando vigente, la historia de salvación no se modifica con los diferentes vientos de doctrina.
En este sentido, queremos destacar en nuestra comunicación que la Sagrada Familia de Nazaret es un modelo válido en el que todo matrimonio cristiano ha de mirarse a la hora de abordar la educación de sus hijos. Queremos, en estos tiempos actuales en que cualquier vestigio de autoridad familiar suena a machismo y es de por sí criticable, recuperar la figura de San José y su impecable misión como educador del Niño Dios.
Este papel se puede resumir en tres puntos clave, cada uno de los cuales tiene una clara correspondencia con aspectos fundamentales de la familia de ayer, de hoy y de siempre:
1. Acoger la vida.
2. Asumir la educación del hijo.
3. Aceptar la emancipación del joven.
La función primigenia de la familia es dar la vida, no sólo física, sino saber transmitir al hijo una cultura y unos valores sin los cuales no sería una vida plena.
Por eso, si importante es el seno materno (punto 1), donde se recibe la vida, lugar en el que crecerá y se desarrollará hasta el nacimiento, importante será también el seno familiar (punto 2), donde se enseñará “el camino de la vida” –a los padres compete esta estimada obligación–. En estos dos procesos tan delicados, el hombre con su libertad es puesto a prueba: puede abortarlos pero sabe que no le pertenecen. Toda vida nace de un pensamiento de Dios y se nos confía por un tiempo en el seno humano hasta llegar a su destino: el Seno de Dios (punto 3).
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