El presente escrito examina de forma crítica el Museu d'Art de Catalunya (oficialmente MNAC), y lo sitúa en el ambiente de insensibilidad contemporánea hacia el arte antiguo y medieval. El museo es observado a partir de dos de sus aspectos esenciales. El primero es la colección de arte románico, y en especial la de pintura al fresco, que se reconoce como excepcional dentro del contexto internacional. De este fondo se destaca el inmovilismo cultural de la presentación de Gae Aulenti, que diluye las obras dentro de espacios confusos e intrascendentes. Por otro lado, se hace observar la equívoca sobrevaloración de la colección Thyssen-Bornesmiza, que es un discreto fondo de tono provinciano, con el cual se altera el discurso y se rebaja la categoria del museo. Éste tiene, como puntos fuertes, el arte medieval y en especial el románico, así como el modernismo, que constituyen su gran fortuna y lo hacen importante en el concierto de los museos del mundo. En este sentido, se destaca la pérdida de independencia del centro propiciada por el incomprensible patronazgo ministerial, que lo arrincona a la periferia del orden cultural español y entorpece su merecida y necesaria internacionalización.
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