En Catalunya, como en otros muchos países, los museos locales representan más de dos terceras partes de las instituciones museísticas y han sido los municipios quienes tradicionalmente se han encargado de este patrimonio, incluido aquel que, cualitativa o geográficamente, no les correspondería afrontar en solitario. A pesar de esto, ssorprende que la Ley de museos les dedique tan poca atención. En general, podemos decir que los museos locales son ahora más numerosos y disponen de más medios que quince años atrás. Pero hay que preguntarse si tales progresos pueden atribuirse a la aplicación de la Ley de museos o si, en realidad, se ha producido a pesar de esta ley, o independientemente de su existencia. Durante mucho tiempo, los museólogos hemos afiramdo y repetido que esta ley no nos complacía, pero que, al menos, se aplicase para ver si al final acababa funcionando. Parece que ha llegado el momento de renunciar a ello y de empezar a solicitar una nueva ley más respetuosa con una realidad museística que, en Catalunya, todavía es esencialmente local.
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