A lo largo de la historia, la música ha tenido siempre una importancia capital en el desarrollo de las civilizaciones, sirviendo en muchas ocasiones como un gran agente socializador, recreativo e incluso político. En este artículo se muestra como, además de estas características, la música ha servido también a un fin terapéutico y medicinal, con casos cuanto menos curiosos y desconocidos desde este punto de vista. Tomando algunos lugares como centros en los que se utilizaron las melodías como tratamiento para las dolencias humanas, se exponen las particularidades de dichos espacios y los personajes que intervinieron de alguna manera en esa acción terapéutico-musical. Los tratamientos en si iban desde el sosiego que provocaban los sonidos a los enfermos mentales, hasta el fortalecimiento que podían causar en el alma y en ocasiones en el físico, a mandatarios anhelantes de evasión cortesana.
Los espacios elegidos en este escrito, han sido testigos de esos momentos en los que la música se ha encontrado íntimamente ligada a la salud de sus inquilinos. Lugares especiales en algún sentido: silenciosos cenobios, palacios imponentes, hospitales dedicados. Todos ellos propicios para desarrollar una labor terapéutico-musical ideal.
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