Entre 1958 y 1959, poco después de haber ganado el Premio de Escultura de la Bienal de Sâo Paulo, Oteiza decide abandonar su actividad escultórica. Según sus palabras, esto fue consecuencia de los desarrollos extremos de su «Propósito experimental», intenso trabajo de investigación sobre el espacio en la escultura, que le llevó inevitablemente al descubrimiento de la nada. Este abandono puede servir de síntoma de la crisis del arte abstracto y a la vez, que Oteiza estaba anticipando nuevos modos de entender el hecho artístico, más interesados en reintegrar el hecho social y asumir estrategias de investigación de otras disciplinas.
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