En el presente artículo exploramos el concepto de archivo personal, así como su carácter tradicionalmente secundario con respecto a los archivos de la burocracia. Se adopta la hipótesis de trabajo de que este carácter secundario se debe al hecho de que los procesos archivísticos que funcionan en los archivos públicos no son adecuados para los archivos personales. En apoyo de esta aserción proponemos tres ejemplos: el primero de ellos discute algunas nociones bien admitidas en la Archivística; el segundo propone una liberalización en la interpretación de los archivos personales; el tercero sugiere que el archivo es un espacio de poder, con el que los archivos personales no siempre pueden llegar a acuerdos. Por último, proponemos algunas conclusiones
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