La mayoría de los médicos en Francia conoce poco la interpretación profesional y comparte la preocupación general de que hablar una lengua extranjera representa una amenaza para la cohesión nacional. Pese al creciente reconocimiento de los derechos de los pacientes, se les niega el tiempo necesario para escucharlos. Resulta poco usual recurrir a intérpretes profesionales. Esta situación refleja también la cuestión de la acogida de migrantes en una República indivisible y monolingüe. Trabajar con un intérprete profesional representa no solo una cuestión deontológica y clínica, sino también una acción coherente en vista de la Constitución francesa: se deben proporcionar intérpretes profesionales precisamente porque la República Francesa es indivisible y porque el francés es su lengua oficial.
In France, most doctors have a poor knowledge of professional interpretation, and share the general concern that speaking a foreign language threatens national cohesion. The time needed to listen to patients is denied, despite increased recognition of patients’ rights. Recourse to professional interpreters is unusual. This situation also reflects the issue of welcoming migrants in an indivisible and monolingual Republic.
Working with a professional interpreter is not only a deontological and clinical issue, but also a coherent action in view of the French constitution: patients must be provided with professional interpreters because the French Republic is indivisible and because French is its official language.
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