Objetivos: Los signos y síntomas principales de los trastornos de la articulación temporomandibular (TMD) son los dolores articulares y/o musculares, los sonidos articulares y las limitaciones del movimiento. Asimismo, pueden acompañarse de otras molestias, una de las cuales es la cefalea. Los pacientes con TMD miógenos pueden subdividirse en aquellos con un índice de apertura temporomandibular (IAT) alto y aquellos con un IAT bajo. Estos dos subgrupos pueden presentar variaciones en el tipo de síntomas, por ejemplo, en el grado de su gravedad. Los objetivos fueron evaluar la relación entre la presencia de cefalea y los pacientes con TMD y un grupo de control sin TMD, y comparar los informes de cefaleas entre los pacientes con TMD miógenos y un IAT alto y los pacientes con TMD miógenos y un IAT bajo. Materiales y métodos: En el estudio se incluyeron 66 pacientes con TMD. En 43 pacientes se diagnosticaron TMD miógenos, y en 23, TMD artrógenos. Además, se incorporaron 20 pacientes sin TMD (como control). Los pacientes valoraron la intensidad y la frecuencia de sus cefaleas mediante una escala de evaluación verbal (VRS, Verbal Rating Scale). Se realizó un análisis de regresión logística después de ajustar los factores de confusión de sexo y edad. De este modo, se pudo investigar la asociación de la cefalea con los grupos de estudio. El estudio se continuó en 17 de los pacientes con TMD miógenos. Siete estaban asignados al grupo con un IAT alto y 10 al grupo con un IAT bajo. Las edades medias eran de 38,43 años y de 33,00 años respectivamente. La prueba de Mann Whitney se utilizó para examinar la diferencia en los informes de cefaleas entre estos dos grupos.
Resultados: El 76,7% del grupo miógeno, el 26,1% del grupo artrógeno y el 35% del grupo de control refirió cefaleas. La edad y los TMD miógenos se asociaron de forma significativa con la presencia de cefaleas referidas (P = 0,001 y 0,01, respectivamente). Los TMD miógenos constituyen un factor de riesgo significativo (OR = 5,20, P = 0,01) de cefaleas, en cambio no ocurrió en los TMD artrógenos (OR = 0,75, P = 0,69). Se constató una diferencia significativa en los informes de cefaleas entre los dos grupos de TMD miógenos (P = 0,0067). Conclusiones: El riesgo de cefaleas es 5,20 veces superior en los pacientes con TMD miógenos, en comparación con el grupo de control, pero no se observaron diferencias entre el grupo con TMD artrógenos y el grupo de control. La edad sirve como protector leve frente a la cefalea. Los pacientes jóvenes tienden a presentar más cefaleas. Las cefaleas fueron más graves y frecuentes en el grupo con un IAT alto. Este estudio ha de servir para que los clínicos en la práctica clínica general consideren el efecto de la comorbilidad cuando han de tratar a pacientes con TMD y cefaleas.
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