Desde su más tierna infancia su mundo siempre fue mágico, misterioso, poético. A pesar de ser una "pésima estudiante", a los 5 años Ana María Matute ya escribía cuentos y los dibujaba. Esta mujer tímida, rebelde, iconoclasta ("me adelanté a la sociedad de mi época y a mi país"), independiente, divertida, "que ha vivido mucho" y siempre ha ido "por su cuenta", acaba de ocupar el sillón de la letra K en la Academia de la Lengua Española con un discurso titulado "El bosque", la metáfora de su literatura.
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