Se pretende responder a la pregunta por el acceso adecuado, fenomenológicamente hablando, al campo de la subjetividad. ¿Cómo exponer el sí mismo de manera auténtica? La libertad que decide por sí misma ponerse entre paréntesis pone de entrada un obstáculo para el acceso: es necesario que el punto de partida sea la apertura hacia lo verdaderamente humano, hacia la finitud. Sin embargo, la finitud ontológica del Dasein conlleva a una circularidad donde no hay campo para la verdadera exterioridad. Es en la trascendencia de lo absolutamente otro donde se halla esta distancia que puede señalar al sujeto. Tal idea la desarrolla Lévinas en su ética como filosofía primera, apoyándose en Descartes y en la idea de Dios.
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