Los atlas históricos son un buen indicador del desarrollo de una historiografía. La escuela francesa ostentó la primacía en ellos hasta 1870, la alemana el siglo siguiente y la británica desde 1980. Entretanto, los avances en el conocimiento histórico, las técnicas de imprenta y los medios de comunicación dieron lugar a los estilos clásico, positivista, dinámico y ecléctico actual.
La cartografía histórica española ha sido pobre hasta hace poco. Mantuvo un nivel discreto en la revolución liberal, pero quedó al margen de la renovación positivista, a excepción de Juan de la Gloria Artero. La actualización se demoró hasta la década de 1940, cuando la cartografía dinámica fue introducida por Gonzalo Menéndez-Pidal, Julián San Valero y sobre todo Jaume Vicens Vives, quien también ejerció como editor. Tras un nuevo retraso durante el tardofranquismo y la transición democrática, la oferta de atlas históricos se amplió y diversificó en la década de 1990.
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