El problema de la violencia doméstica se presenta actualmente de un modo contradictorio: se condena públicamente a los agresores más violentos, pero de un modo indirecto se justifica el cotidiano maltrato a las mujeres. Convirtiendo al agresor en enfermo, la mujer sigue siendo la culpable de los malos tratos, y el problema parece insoluble. Consecuentemente, se aboga por un planteamiento de problema en función de la dinámica familiar y por vías mediadoras para la solución del mismo.
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