La muerte del Abbé Pierre constituye una ocasión más para reflexionar sobre la situación de las personas sin techo, reconocer la obra de Traperos de Emaús y contemplar los problemas de salud mental que sufren las personas sin hogar. Frente a una política de limpieza de vagabundos de calles y plazas, en nombre de la convivencia, urge conocer la realidad personal y social de las personas sin hogar, más allá de interpretaciones fáciles. No se puede pensar que con disponer de un techo, se conseguirá la integración social. Un acercamiento en términos de la salud mental comparte este objetivo de disponer de un hogar, pero no idealiza el hogar como solución.Tiene en cuenta también el reconocimiento de las capacidades de estas personas. Como también el proceso caótico de sus vidas, en el que suelen existir diferentes fases de distanciamiento o acercamiento al hogar. Habrá que dar respuesta a las necesidades personales y sociales que llevan a la pérdida del hogar, evitando situaciones de exclusión y apoyando el mantenimiento y la integración en la sociedad desde la acción comunitaria y el buen hacer profesional y político.
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