Durante 1908 un sacerdote gaditano, destinado en Tarifa (Cádiz), mantendrá una profusa relación epistolar con el académico Fidel Fita Colomé en relación a diversos hallazgos arqueológicos, tratándose de uno de los primeros episodios relacionados con el inicio y desarrollo de la arqueología en la Región. El modo que estos hallazgos fueron dados a conocer y su posterior publicación, constituyeron un ejemplo más del auténtico “modus operandi” que la Real Academia de la Historia empleó para dar a conocer e investigar el patrimonio arqueológico nacional.
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