A lo largo de estas páginas se trata de exponer cuáles son los aspectos de lo que constituye el ambiente de una comunidad escolar creativa. A saber: un currículo que recoja la cultura del entorno en que los alumnos han crecido, las distintas capacidades que cada uno puede presentar o inteligencias múltiples, la disciplina y el respeto que implica que cada uno de los miembros del alumnado se sienta visto, con voz y considerado como individuo. Lo que se necesita es crear una comunidad en la que cada persona sea aceptada como tal, que tenga confianza en sí misma, ante los otros, en los otros y en el grupo. Partiendo de la propia historia de vida de la autora, esta concibe la creatividad como un proceso de autorrealización y un recurso para el bien comunitario
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