El permanece tranquilo, impasible, señalaban sus colaboradores, pero en el partido, sus barones, que no se atrevieron a plantarle cara en el Congreso de Valencia, le dan ya poco recorrido; tiene -dicen- los días contados si prosigue la carrera de los espionajes y si las elecciones vascas y, sobre todo, las gallegas son un fracaso.
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