Vivimos la cultura de la prisa. El tiempo se considera un bien escaso y apreciado. Estamos gobernados por los relojes. Más que disfrutar del tiempo, éste nos dirige y domina. El artículo analiza la relación entre tiempo y trabajo y cómo hemos llegado a la situación en la que el ser humano más que caminar a una sociedad del ocio pasa a estar disponible para el trabajo las veinticuatro horas del día. A su vez, se plantean una serie de paradojas con el objetivo de cuestionar los estilos de vida actuales.
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