El 2 de junio pasado el rey Juan Carlos I anunció su decisión de abdicar la corona en su hijo el príncipe de Asturias, Felipe de Borbón. En poco más de dos semanas se cumplieron todos los trámites legales y el 19 del mismo mes, las Cortes Generales proclamaron rey de España al príncipe de Asturias, que reinará con el nombre de Felipe VI. Su padre, hasta entonces rey, pasó inmediatamente a ser un ciudadano normal, que ha perdido la inmunidad legal, inseparablemente unida al oficio que ha dejado de desempeñar. Don Juan Carlos ha recorrido íntegro el circuito príncipe-rey-ciudadano; Felipe VI está en la segunda etapa de este histórico recorrido. Razón y Fe saluda con respeto y esperanza al nuevo jefe del Estado, cuyo acceso a esa suprema magistratura se ha producido con un exquisito respeto a la legalidad constitucional, y se atreve a subrayar algunos aspectos y circunstancias que ayudarán a interpretar los trascendentales acontecimientos vividos durante el mes de junio y a hacer apuestas con sentido sobre el futuro
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