Vladímir Putin y uno de sus más fieles colaboradores, Dmitri Medvédev, idearon hace un año un reparto de poder que situaría al segundo en la presidencia de la Federación Rusa, un cargo en el que Putin no podía repetir, y al ex agente del KGB como primer ministro con poderes reforzados. Diez meses después de que Medvédev se pusiera al mando del Kremlin, hay quien ya ve las primeras tensiones entre ambos dirigentes debidas, sobre todo, a la crisis económica.
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