Alfredo García-Valdés, presidente de McCann Erickson, disfruta con el descubrimiento de lo inesperado, bien sea la repentina aparición de Marte mientras explora el cielo con su telescopio, bien la lectura de algo sorprendente en las páginas amarillentas de un libro antiguo. Se confiesa culpable de mal genio, aunque asegura que los años y sus nietas le han suavizado el carácter. Aplica el calificativo de "empedernido" a su calidad de fumador de puros y de coleccionista de corbatas, y está convencido de que va a disfrutar de su jubilación. Buena parte de la misma trascurrirá en Ribadesella.
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