Deflación, deinflación... la terminología es variada, pero el resultado es el mismo: un estancamiento o bajada de los precios sostenida no puede más que echar por tierra cualquier atisbo de reactivación de la economía. Pese al coro general de alarma entonado estos días por instituciones y expertos, el BCE, finalmente, no ha movido ficha, convenientemente aleccionado por Alemania, principal beneficiaria de esta situación. Un inquietante horizonte que preocupa, y mucho, en Europa, pero que afecta muy especialmente a tres países en "fuera de juego": Francia e Italia, inmersos en cambios políticos recientes, y España, altamente endeudada, con los ratios de actividad en plano, déficit aún alto y los ingresosos del Estado que no levantan cabeza pese a las sucesivas subidas de impuestos.
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