Jorge Fernández Díaz es un ministro de contrastes. Lo mismo muestra su fervor religioso en actos de carácter público que toma decisiones poco piadosas. Como la Ley de Seguridad Ciudadana, que modificará tras el varapalo del Consejo General del Poder Judicial. O las cuchillas en las vayas de Ceuta y Melilla, que hasta la Iglesia ha censurado. Ahora, su departamento es el centro de la polémica tras la muerte de quince inmigrantes y la descoordinación policial del 22-M por el cariz de los sucesos y porque han puesto en evidencia su poca sintonía con sus directores generales. Incluso en el PP está habiendo efectos secundarios. En Madrid, el debate sobre las manifestaciones ha caldeado la guerra de candidatos que ahora intentan enfriar. Interior es el ministerio de los líos, pero Rajoy no quiere oír hablar de ello. Las cosas, a pesar de todo, seguirán como están.
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