El rescate de cautivos (incluidas imágenes sagradas) y el florecimiento de las cofradías llamadas esclavitudes parecen realidades aparentemente distintas. Pero realmente ambas responden a la misma mentalidad religiosa de la España del Antiguo Régimen. Por un lado, el rescate de cautivos es considerado un deber moral; atiende tanto al cuerpo como al alma. Se celebra con actos de triunfo político y religioso, reforzados por la suntuosidad barroca. Por otra parte, la consagración de �esclavos� a Jesús y a María es un gesto sublimado de piedad. Resultaba muy atractivo para las elites urbanas, y especialmente en Madrid. De esta forma, la negatividad del cautiverio/esclavitud se convierte en un signo de exaltación religiosa. El lenguaje simbólico juega un papel esencial en este proceso.
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