En los últimos años, el manejo clínico de esta enfermedad ha evolucionado muy positivamente. Durante la década de los 70 y principios de los 80, existían un elevado número de fracasos terapéuticos de leishmaniosis canina debido a varias razones: el diagnóstico laboratarial era incompleto, los casos clínicos "atípicos" no se reconocían, la eutanasia era la primera Opción, los tratamientos eran incorrectos y/o tardíos, y los controles insuficientes. A partir dela década de los 90 las cosas han cambiado considerablemente: el diagnóstico precoz garantiza una mejor respuesta de los perros tratados, los protocolos de tratamiento son más correctos, se utilizan tratamientos coadyuvantes cuando el caso clínico lo requiere, se hace un seguimiento más estricto (controles periódicos), lo cual favorece el control de las posibles recidivas, y sobre todo, permite evaluar las posibles enfermedades asociadas que son frecuentes en muchos de los perros enfermos. Y finalmente, un aspecto muy importante en el manejo de una enfermedad crónica como ésta, es la participación activa del propietario. Resulta fundamental que encontremos propietarios más colaboradores que entiendan bien la complejidad de la enfermedad para que faciliten nuestra buena actuación clínica. Para ello, debemos informarles convenientemente para asegurarnos que seguirán nuestros consejos, y así garantizar un buen control y seguimiento del caso clínico. Durante los últimos años, las investigaciones sobre la leishmaniosis canina ha experimentado importantes avances en cuanto al diágnóstico ycontrol, si bien, en lo que respecta a la terapéutica de la enfermedad, estos avances son menores1. Aunque los protocolos de tratamiento y el seguimiento clínico se han modificado considerablemente, las drogas utilizadas son básicamente las mismas desde hace décadas4.
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