Tras el derrumbamiento del Imperio de Occidente por los pueblos germanos del norte de Europa, en el año 476, con la deposición del último emperador romano Rómulo Augusto por el germano Odoacro, quedó como depositario de la cultura clásica griega el Imperio Bizantino, que supo oponerse a la invasión de los pueblos bárbaros, logrando mantener su hegemonía durante más de un milenio. Precisamente estas batallas que tuvo que sostener contra sus invasores, en las que la caballería desempeñaba un papel fundamental, fueron una de las causas que estimularon a los emperadores para fomentar la medicina hipiátrica.
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