Para la mayoría de la gente de mi generación (los que ahora sobrellevamos los 50 y tantos años, o incluso ya nos asomamos con vértigo a los 60) vinculada a la cooperación internacional, la nicaragua sandinista de los años 80 constituyó la gran escuela de iniciación práctica. No fue una escuela solo en cooperación, sino en muchas otras materias, algunas políticas e ideológicas, otras que tienen que ver simplemente con nuestra formación como personas. En esa academia y laboratorio social cada uno de nosotros, supongo, puso su particular interés en aquellas materias que más le interesaban, pues las había para todos los gustos e inclinaciones, pero en lo que sí creo que coincidiríamos todos es que aquel aprendizaje marcó para siempre nuestras vidas. Esta historia comienza en el verano de 1984.
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