La prevención vacunal debe basarse en la aplicación de unas técnicas revolucionarias y adaptadas a unas necesidades epidemiológicas eambiantes. Pero al mismo tiempo, debemos controlar al máximo aquellos factores externos que impactan directamente sobre la calidad de las vacunas, de entre los que el factor térmico es el más importante.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados