Este artículo está dedicado a recordar a Manuel dos Santos, Garrincha, el mítico puntero brasileño de los Mundiales de 1958 y 1962, y especialmente los alcances de su juego en los márgenes de una cancha. Su signo fue la excepcional habilidad en los espacios mínimos, con la que construía los laberintos donde se perdían sus rivales, quienes debían resignarse a simplemente verlo pasar. Las torcidas lo consideraban «la alegría del pueblo» porque su juego, más allá de las rivalidades,
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