Una presencia invade los libros y no vamos a andarnos con acertijos. Es Benjamin Lacombe y nos ocupa, no porque a su juventud se hayan rendido la industria editorial y el público, o porque el madrileño Museo ABC programara una suerte de retrospectiva sobre su obra antes de cumplir los 35, sino porque ha conseguido captar el alma de historias clásicas (y modernas) con un estilo bipolar donde conviven lo aparentemente blandito y lo tétrico.
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