En las actividades sanitarias, tanto diagnósticas como terapéuticas, usamos frecuentemente instrumentos diseñados para hacer punciones, incisiones, sondajes etc. En el uso de este instrumental, sobre todo si se le maneja o desecha de forma poco cuidadosa, pueden producirse accidentes capaces de inocular a los trabajadores del sector sanitario agentes infecciosos procedentes de los pacientes. Es también frecuente que en la actividad sanitaria se originen salpicaduras de sangre u otros líquidos orgánicos de los pacientes a la piel o mucosas de los trabajadores y que las manos de estos contacten con tejidos, sangre, secreciones y excreciones de los pacientes, que pueden determinar la transmisión de microbios patógenos. La transmisión de agentes infecciosos es bidireccional, tanto de paciente a sanitario como de sanitario a paciente. Para prevenir estos riesgos, desde los inicios de la era microbiológica, se han desarrollado técnicas higiénicas (esterilización, desinfección, asepsia, antisepsia, quimio o inmunoprofilaxis, etc.) que han culminado en las llamadas "precauciones universales" que responden a la evidencia de que cualquier paciente, independientemente del motivo de su consulta, puede ser un enfermo o un portador de infecciones transmisibles al sanitario que le asiste.
Las consultas odontoestomatológicas y el personal que en ellas trabaja no están exentas de riesgo. Son especialmente frecuentes las punturas, incisiones y contactos cutáneos o mucosos que exponen a inoculaciones de microbios vehiculados por sangre y saliva. En el Servicio de Medicina Preventiva del Hospital de Bellvitge hemos atendido, desde 1986, a 47 trabajadores que han sufrido 49 accidentes de este tipo en consultas odontoestomatológicas (dos de ellos se accidentaron dos veces); esta casuística nos servirá como hilo conductor de nuestra ponencia.
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