La reacción inmunitaria constituye la forma de respuesta específica que establece el organismo, para defender su integridad frente a sustancias de diversos orígenes. El organismo humano utiliza este sistema para distinguir lo propio de lo extraño y en este último caso proceder a la puesta en funcionamiento de los mecanismos propios de la inmunidad.
Aunque es evidente que la respuesta inmunitaria tiene el carácter de un mecanismo de defensa, sus consecuencias pueden llegar a ser desfavorables en algunas circunstancias, por ejemplo, cuando el organismo considera a un elemento endógeno como producto extraño y reacciona contra él (mecanismo autoinmunitario), cuando la respuesta desencadenada ocasiona más perjuicio que beneficio (reacciones alérgicas de diverso tipo y grado) o cuando el agente exógeno es introducido terapéuticamente para suplir la deficiencia de órganos propios: trasplantes de órganos y tejidos.
Por todas estas razones, se ha estimulado la producción de sustancias que supriman o al menos depriman la reacción inmunitaria y que conocemos con el nombre de fármacos inmunosupresores (Tabla 1). En la práctica odontólogica es relativamente frecuente tratar a pacientes sometidos a terapéuticas con inmunosupresores. Por este motivo, repasaremos brevemente sus características farmacológicas, destacando aquellos aspectos que puedan ser de mayor interés para el odontólogo.
La inmunosupresión puede ser debida también a procesos patológicos destacando en la actualidad la infección por el virus ele la inmunodeficiencia humana (VIH).
Cualquiera que sea la causa de la inmunosupresión (terapéutica o infecciosa) nos hallamos frente a unos pacientes especialmente sensibles a las infecciones, que en el campo de la odontología se concretan en infecciones micóticas y víricas fundamentalmente, quedando en un segundo plano algunas infecciones de origen bacteriano.
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