El núcleo fundamental de las virtudes teologales es constitutivamente unitario. Ninguna de ellas se comprenden aisladamente: las tres "fe, esperanza y caridad" forman una admirable urdimbre. Una urdimbre, como nos recuerda la última y primera encíclica de los papas Benedicto XVI y Francisco, Lumen Fidei, en la que el Espíritu Santo ilumina y anima la vida de fe desde el amor y la esperanza.
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