Tanto en su anatomía como en su funcionamiento óptico-fisiológico, el aparato de la visión es órgano de características totalmente simétricas respecto al plano medio, simetría que se instaura con su desarrollo embriológico. Igualmente, muchas alteraciones congénitas guardan también una perfecta simetría bilateral; es decir, que al esforzarse un defecto en uno de los globos oculares puede quedar reflejado en el otro en una posición simétrica respecto al anterior. Entre estas alteraciones congénitas podemos contar muchas ametropías, y dentro de ellas, la más frecuente de todas: el astigmatismo. Basado en una estadística de unos 9000 casos de astigmatismo, y observando la orientación recíproca de los ejes de cada par de cilindros correctores, se deduce: que en el 56 por 100 de los casos, una vez hecha la correción, los ejes de los cilindros quedan colocados formando ángulos iguales con la verticalidad media. De aquí puede deducirse, a su vez, una clasificación bilateral del astigmatismo, en dos grupos: 1. º Astigmatismo simétrico. 2. º Astigmatismos asimétricos.
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