Para Guillermo Cabrera, lo mejor de su profesión es que permite anticiparse desde el conocimiento a los cambios sociales. Y lo dice un profesional, con cerca de treinta años a sus espaldas, que reconoce abiertamente que su trabajo siempre le ha divertido, y eso que ahora, no lo puede negar, asoma esa especie de crisis vital de los cincuenta que, para más inri, coincide con la otra crisis, la global, que ha tocado de lleno a la publicidad. Por eso tiene claro que lo peor es ver a compañeros suyos, compañeros de profesión aunque militen en otras organizaciones, en paro y con cada vez menos posibilidades de reincorporarse a una vida laboral que se antoja diferente, por estar ya en edades difíciles.
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