Aunque algunos ya han tomado la delantera en las colas de facturación, las carreteras nacionales y los chiringuitos playeros, no cabe duda de que con la proximidad de agosto el aroma a vacaciones se hace más intenso. Pero a veces, en medio del grato aturdimiento que produce, explotan como bombas de realidad el briefing que llega a la agencia el 29 de julio y es para ya, el concurso al que no se puede faltar y hay que presentar antes de septiembre, la mudanza que deviene en pequeño caos, y otros detalles que recuerdan que el verano difumina la realidad pero no la borra del todo. Cuatro profesionales de agencia comentan en estas páginas su experiencia con el famoso y temido marrón de verano
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