La masiva asistencia de público; los desiertos en las secciones de platino e interactivo y el reparto de los grandes premios entre dos países: Argentina y España (a los que suma Chile que consiguió uno de ellos), con claro dominio del primero en televisión (que, a pesar de la creciente tendencia a la integración en las estrategias de comunicación, sigue siendo el medio que más luce en el festival), podrían ser, a grandes rasgos, las pincieladas que resuman la última edición del El Sol. Pero hay más: el exceso de truchos en la sección de gráfica ya no irrita, simplemente aburre, y el estilo argentino, con sus fórmulas y sus códigos repetidos, eso sí, en un halo de frescura, invade hasta la creatividad española. Por otro lado, definitivament El Sol se ha hecho internacional, lo que puede perjudicar a algunos claros favoritos locales. Y Luis Cuesta se ha despedido de la dirección del festival, después de tres años al frente del mismo
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