Desde el 2006 los escenarios mexicanos se han visto inundados por un creciente exceso de violencia. Desde que comenzase la llamada guerra contra el narcotráfico, declarada por el expresidente Felipe Calderón en su toma de poder del 6 de diciembre de 2006, y se iniciara una campaña de militarización del país, se habla de más de 88.000 muertos y 20.000 desaparecidos1. Durante este periodo hemos asistido, a su vez, a la emergencia de un nuevo régimen de producción visual marcado por una violencia extrema desde el que se ha proyectado una nueva y monstruosa dimensión de la corporalidad, la del cuerpo roto o desmembrado, la cual ha logrado instalarse hondamente en las estructuras de los imaginarios del cuerpo.
Since 2006, Mexican social scene has been flooded with an increasing excess of violence. Since former President Calderon declared the War against Drugs and a military campaign was displayed all over the country, it is said that over 88,000 people have been assassinated and 20,000 have been missing. In this period, a new regime of visual production determined by extreme violence has emerged simultaneously. The result was a new hideous dimension of corporality, the dismembered or broken body, which seems to have invaded the imaginaries of body.
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