Bruselas intenta encajar el golpe y derrocha mensajes tranquilizadores ante el rechazo que franceses y holandesdes han dado al proyecto estrella de la Unión, el Tratado Constitucional. Pero la crisis está servida y no sólo por lo maltrecho que ha quedado el proceso de ratificación: el "no" de dos de los "padres" de la UE ha avierto entre ciudadanos e instituciones un debate general sobre el futuro de la Unión, su naturaleza política y sus debilidades económicas.
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