El tráfico de niños es el último despropósito que se trajo consigo el devastador terremoto del 12 de enero en Haití. Diez estadounidenses permanecen detenidos en la capital del país caribeño a la espera de poder probar su inocencia, acusados de raptar a 33 niños supuestamente huérfanos. Mientras, EEUU, el país más solidario con el pueblo haitiano, pide justicia para sus ciudadanos, cuando ascienden a más de 200.000 las víctimas de la catástrofe más grave de la historia reciente.
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