A diferencia de lo que postula el fundamentalismo musulmán, el islamismo no toma partido sobre el problema del secularismo y la democracia (los desarrollos filosófico-políticos contrarios a las dos nociones se hicieron con posterioridad a Mahoma y siempre -según el autor- de la mano de los intereses de las élites políticas). Pero, conmo sea, el mundo musulmán vivirá en los próximos años las tensiones -de grave incidencia a nivel de la paz global- que genera la necesidad de asumir reformas políticas en medio de fuerzas centrífugas de diversa índole: panislamismo y nacionalismo, y democracia e integrismo.
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