Diferentes estudios han mostrado que la apnea obstructiva del sueño (SAOS) infantil tiene una alta prevalencia (entre el 1 y el 3%) y que sus consecuencias pueden ser importantes. Existen diferentes factores predisponentes para padecer SAOS durante la infancia como la hipertrofia adenoamigdalar, enfermedades neuromusculares o síndromes como el de Down o Pierre Robin. El diagnóstico definitivo se realiza por polisomnografía y resultan de indudable utilidad otros métodos como los registros cardiorrespiratorios o la pulsioxometría nocturna cuando se utilizan de forma adecuada. La adenoamigdalectomía desempeña un papel primordial en su tratamiento. La presión positiva continua en la vía respiratoria (CPAP) nasal puede ser una alternativa en aquellos niños que no responden a la cirugía o en los que tienen alteraciones craneofaciales y, en casos muy seleccionados, la administración de oxígeno nocturno puede ser útil.
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