A lo largo de su ya amplia carrera, Rogelio López Cuenca (Nerja, 1959) ha empleado diferentes medios, técnicas y soportes en la gestación de una obra nada autorreferencial, volcada siempre hacia lo común (ya sea el espacio público, el lenguaje o los signos de cualquier tipo), que se presenta gustosa en el ágora para su debate y plantea cuestiones de interés en torno a la relación entre artista, público e instituciones. En este artículo, parte de la figura de Honoré Daumier para explorar la infiltración de la propaganda en los medios de comunicación y en el espacio urbano, y las consecuencias de esta penetración para las prácticas artísticas en general, y para aquellas que se pretenden provocadoras o antagonistas en particular.
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