Internet ha llegado para quedarse. Su omnipresencia hace que todos estemos wired, conectados y no de cualquier manera. La fe y su vivencia cotidiana, como no podía ser menos, también se ha visto afectada. En este texto se analizan las muchas posibilidades que Internet ofrece al hombre religioso de hoy; también, los desafíos: ¿Cambia la naturaleza del ser religioso del hombre? ¿Dios es más motor que pregunta? ¿La Iglesia debe ser comprendida y vivida como simple red o como la verdadera vid? ¿Los sacramentos debe ser vividos real o virtualmente? ¿Con Internet nace una nueva teología?
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