Cuando un médico se enfrenta a un paciente en el que existe sospecha de alteración en la glándula tiroides debe realizar un abordaje doble, tratando de identificar, por un lado, si se ha modificado la función y, por el otro, si existe alteración morfológica. Aunque determinar la función es relativamente sencillo, ya que se requiere sólo de la contrastación de los hallazgos obtenidos mediante la anamnesis y la exploración, con los resultados de un perfil tiroideo completo, difícilmente se puede obtener información suficiente para definir la etiología.
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